¿Para ser feliz hay que compartir, o no?

Hace sólo un par de décadas, la pregunta “¿Para ser feliz hay que compartir, o no?” habría sido incuestionable. Nadie (o casi nadie) habría puesto en duda entonces que la respuesta a esta cuestión, en apariencia inocente, era un sí rotundo, sin matices. Hoy, en cambio, la solución sería como mínimo controvertida.

Así se desprende de la polémica generada por el mensaje publicado en Facebook por Alanya Kolberg, una mamá cansada de ver cómo una y otra vez, al llegar al parque con sus juguetes, su hijo era abordado por niños desconocidos, que los reclamaban para sí; y más cansada aún de ver cómo los padres de estos niños, lejos de reprobar la conducta de sus hijos, veían con malos ojos que el hijo de Alanya no accediese a compartir sus juguetes con ellos.

 

¿Para ser feliz hay que compartir, o no?

 

Si yo, un adulto, voy al parque comiendo un sandwich, ¿estoy obligado a compartir mi sandwich con extraños? 

Alanya se pregunta públicamente por qué debemos obligar a los niños a adoptar una conducta que nosotros mismos, como adultos, no practicamos, compartir nuestras cosas con desconocidos. Si mantenemos que no hay mejor enseñanza que el ejemplo, ¿cómo podríamos pedir a nuestros hijos que hagan algo que nosotros no hacemos?

En el momento de escribir estas líneas el post de Alanya Kolberg cuenta con más de 276.469 reacciones en Facebook y ha sido compartido por más de 268.000 usuarios. Hay comentarios de todo tipo: mamás y papás que se solidarizan con Alanya, otros que tachan su conducta de grosera, otros que sostienen que es mayor grosería exigir lo que no te pertenece y quienes creen que hay que fomentar que compartan pero que la última palabra ha de ser del niño, nunca de sus progenitores…
Seguro que en alguna ocasión te has visto en una situación parecida, es algo que se da a diario en todos los parques en los que juegan niños. ¿Qué actitud adoptas ante estas situaciones?

Sin lugar a dudas y en un escenario perfecto, como educadores y padres deberíamos tomar una posición neutra, no invasiva. Si nuestro hijo se encuentra cómodo compartiendo con los demás niños sus juguetes, no sería factible obligar a los otros niños soltarlos y coartar la decisión del niño de: interacción y relación social. Muy distinto resultaría si nuestro pequeño, decide que lo que ha llevado al parque lo quiere para si y coge una rabieta cuando un extraño se apodera de sus cacharros. Definitivamente no debemos obligar al niño a deponer su actitud, ni insistir hasta la saciedad, con nuestro hijo berreando a nuestro alrededor que comparta sus posesiones, sobre todo, si esta situación se repite día tras día.

Con toda la serenidad, educación y firmeza, debemos intervenir convenciendo al “usurpador” que deponga su actitud y apremiándolo con:  “cuando pase un rato seguro que juega contigo” algo que sin lugar a dudas pasará y si no es así, se aburrirá de esperar, terminando con una situación incomoda, sin demasiado esfuerzo. No hay que caer en el buenismo de otorgar todo el derecho a otro u otros niños, despojando de razón a nuestro hijo, cuando la acción de compartir, es una opción libre y personal.

 

 

Ctouch

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